sábado, 28 de enero de 2012

poema V


Te he permitido, si, invadir la costa con tu arrogancia y desfachatez. Tú despreciabas cada rincón del camino que yo empleaba para sanar mis heridas y mis silencios. Despreciabas cada rincón de mi alma… el cual posaba sobre la orilla esperando que se bañase de atardecer. Pero tú lo despreciaste; no quisiste saber de lo que yo sentía, no te importaba… tu arrojo enarboló banderas de guerra y me atravesaste sin piedad, siendo yo la arena, la arena blanca. Hoy miro con ternura el pasado y lamento no haber podido hacer más. Te he permitido saciar el coraje y la rabia que sentías… nada más me había hecho recapacitar. Y es que tú me has hecho recapacitar. Concha Matos  

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